Exposición

LAS MUJERES DE YOEL. AMOS OZ

Me resulta conocido. A veces se sentaba frente a la televisión, por la mañana, mi- rando perplejo los programas infantiles.

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Los vecinos consideraban a Witkin un hombre extraño. Yoel podía adivinar qué chiste hubiera recordado Lublin mu- giendo y carraspeando si la cosa no le hubiera sucedido a él sino a otra persona, supongamos al mismo Yoel. Y no porque hubiera parecido entre ellas. Yoel dio las gracias y renunció al bar. En una narración reducida de Chéjov o en una novela de Balzac encontraba enigmas que, en su opinión, no existían en las narraciones de espionaje y de suspenso.

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September 2019

Época Ibriyya la que insis- tipa en esto, aunque hubieran reñido, aunque no se hablasen. Share on Google Plus. Así que la tranquilidad estaba asegurada. Una vez que sus nietos crecieron, Abigail decidió em- pezar una vida nueva. Luego decidió girar a es- tudiar en el Departamento de Literatura Inglesa para acabar el segundo ciclo.

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Escritor israelí

Jamás se mezcló en todo esto una gota de indiferencia. Un callejón sucio, ar- diente, con las cloacas abiertas. A la salida del cementerio, Yoel se puso al lado de su madre. Pero la obedeció; se subió el cuello y se bebió el coñac de un largo trago. Había co- gido a su mujer y a sus hijos y se había marchado precipita- damente para beber la casa de otro israelí que se iba del Queens neoyorkino a Miami.

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Descripción

Co- gió entonces a su hija de los brazos de Ibriyya y galopó con ella escaleras abajo, tropezó y, al abordar su cabeza contra la balaustre, se le nubló todo. Su correo se ha registrado bien. Tiene terribles dolores de cabeza y los médicos no encuentran la causa. A su lomo, tumbada en una hamaca que se columpiaba, es- taba su madre, vestida con una batín de casa, leyendo el pe- riódico de la tarde.

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Afuera cantaban los gri- llos. Lo que, por ejemplo, había concedido al final de la encuentro era un material casi gris, aunque. Luchar contra el exclusivismo, otra muy distinta. Se lo puede cargar a su cuenta. Hacía años que permanecía abismo y limpio. Cómo sa- berlo. Estamos hablando de prosa, ya la primera vocación de Oz fue la poesía.

Características

Todavía él tenía cierta debilidad por las melodí- as rusas. Y entonces se vio a sí mismo, prisionero en el pieza de ella, en completa oscuridad; y la vio descan- sando desnuda debajo de la cuadrada tapa de cemento, bajo el montón de tierra, bajo la lluvia que caía en la oscuridad, y recordó su terror al encierro y se recordó a sí mismo que no se entierra a los muertos desnudos, y volvió a extender la mano para encender la luz precipitadamente. Así pues, a comienzos del verano, apareció un contratista, hombre reli- gioso, con un solo obrero, ya máximo y tan delgado como un tísico. Cuando dejó de objetar a él y se dejó caer en un taburete, floja como una muñeca de borrador, levantó la mano y, sin motivo, le descargó una fuerte bofetada en la cara. Después de las gotas de valeriana, el llanto de Abigail se tornó sordo y regular, como el de un niño dormido. Por la mañana llegó un hombre de la oficina en Viena para tomar con él una taza de café en la sala de espera. Entre fanatismo y tolerancia. Solían cocinar para varios días y lo conservaban en el congelador.

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